Cuando Bowie convirtió el crimen en una obra de arte

Hace veintitrés años atrás David Bowie había vuelto a contar con Brian Eno para la creación de un disco después de su famosa trilogía de Berlín ¿Cuál fue el resultado de este reencuentro? Nos introducimos a un viaje retrospectivo para analizar el material más lóbrego del duque inglés: 1. Outside.

Texto: Matías Irala

Sí algo caracterizó a los noventa fue la condescendencia de las radiofórmulas y los canales de comunicación en presentar materiales de art rock de calidad, oscuros y de compleja estructura conceptual. En ese ático de vanguardia, Bowie era un sinónimo constante que había calado incesantemente en la historia musical, gracias a lo que significó su otrora trilogía de Berlín, pero ¿había forma de superar su propia leyenda?

La carrera de Bowie había gozado de una salud estable a inicios de los noventa, pero la búsqueda de identidad que tanto caracterizó al artista al principio de su carrera, llegó a parecer más un ademán nervioso que una verdadera exploración o intento de innovación. ¿Entonces cuál era el salto correcto?

Simbiosis familiar

Invocar a Brian Eno fue una manera de mostrar que, lejos de esa endogamia musical que los unía, existía una sensibilidad simbiótica que funcionaba de manera unilateral: el criterio de Brian Eno para la construcción del sonido y el agudo olfato de Bowie para sustraer inspiración en terrenos aparentemente desconocidos para el ojo público.

Y aunque charlaron varias veces sobre hacer música, no existió un solo acorde o composición hasta que ambos entraron al estudio. La responsabilidad del sonido del disco reposaba netamente sobre la investigación a través de métodos inspirados en la música aleatoria, que compositores como Jhon Cage (conocido por sus aportes filosóficos y artísticos) habían utilizado para dar cátedra de innovación.

Bowie y Eno se volvieron a unir para el disco Outside

Eno -que era fan de los procedimientos de Cage- fue el causante de esta inusual dinámica para la gestación de Outside, a lo que Bowie se acopló tranquilamente y eso lo podemos comprobar tras su primera definición pública a los medios de lo que sería el proceso de creación del material “El álbum es sobre la atmósfera y el sonido de 1995”, explica Bowie.

La experiencia de Oustide no recaía solo en la parte instrumental, las letras también pasaron por el mismo proceso gracias al uso de un programa llamado Verbasizer, creado por Ty Roberts (co-fundador de Gracenote) y el propio Bowie. El músico dejaría las letras al azar y a su MAC, el cuál a través de este programa reordenaría cada verso, de acuerdo a su propia lógica basada en la computación.

Pero este no era el primer contacto del cantante experimentando con las palabras, ya para el disco de Heroes utilizó una herramienta más artesanal, conocida en la esfera literaria como “cut-up” (técnica de creación narrativa inventada por Brion Gysin y William Burroughs, basada en la libre asociación de palabras) para la construcción de las canciones del disco.

El arte de lo incómodo

Que Bowie manoseará dentro del baúl del arte contemporáneo para sostener sus discursos, no era novedad en los noventa. Su capacidad para gestar discos bajo parámetros estéticos, introduciendo elementos contemporáneos como la perfomance o el dispositivo del vídeo como artillero artístico (influenciado altamente por Andy Warhol y su tutela con los Velvet Underground) era algo recurrente, siendo en Outside el factor central para acompañar la narrativa musical.

Para la inspiración estética del albúm, Bowie y Eno acudieron al hospital psiquiátrico de Gugging cerca de Viena (Austria), célebre por contar con varios artistas “outsiders”, con quienes se entrevistarían y se fotografiarían durante el proceso.

Outside tuvo muchas citas al accionismo vienés, el controvertido movimiento artístico sueco que se caracterizó por romper los límites relacionados al cuerpo. Este colectivo tuvo su destaque de manera breve durante los primeros años de 1960, siendo recordados por la radicalidad de sus propuestas.

¿De dónde nacía esta curiosa corriente? La necesidad de quitar al arte de su estadio contemplativo llevó a que artistas de este movimiento sueco, como Hernan Nitsch (de quién Bowie sustraería elementos hasta la década del 2000) a través de la violencia simbólica/corporal, expusieran su teoría de lo que consideraban el primer estadio de la condición humana: lo primitivo y animal.

Con una corriente tan extrema, es fácil entender el concepto de la historia de Outside que introducía al alter ego de Bowie –Nathan Adler- un detective que vive en un escenario distópico y debe investigar el brutal asesinato de una niña llamada Baby Grace Blue. Adler debe meterse a los ambientes artísticos más marginales del universo underground de Oxford Town y en su viaje iremos encontrando todo tipo de personajes caratulados “outsiders”, sobre los que se desarrollan cada una de las canciones del disco.

El controvertido video presenta un escenario distópico, lleno de simbolismos a lo largo del clip

Con una marcada estética cyberpunk y la influencia de la corriente industrial que venía gestándose en los 90 (solo basta escuchar Heart Filthy Lessons, la joya absoluta del material) Outside se elevaba como un ensayo gótico no lineal, que pretendía posicionar el crimen dentro del circuito artístico y mostrar el placer hedonista que nos genera como espectadores, lejos de cualquier lectura moral.

Un material lleno de metáforas indigeribles en la primera escucha. Outside testifica la incertidumbre que generaba las gélidas profecías sobre el arribo del nuevo milenio, el olfato de un artista para adelantar sonidos insospechados en su momento y la capacidad de la dupla Eno/Bowie en suprimir los cánones habituales del rock en al afán por mostrar su marca registrada: la reinvención.

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